JAPÓN

Lo de 'Lost in translation' no era una exageración

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Tradición y modernidad se dan la mano en uno de los países con más personalidad del continente asiático. Japón, que hasta la mitad del siglo XIX cerró sus fronteras a los avances que llegaban de occidente, se abrió finalmente al mundo después de la amenaza por parte de Estados Unidos de atacar sus costas si no salía del aislamiento. A partir de aquí el país abandonó el sistema feudal e inició un proceso de modernización que lo ha convertido en uno de los estados más avanzados tecnológicamente. Aún así, esta rápida transformación no ha conllevado la pérdida de una cultura milenaria que sigue muy presente en la sociedad japonesa.

‘Rakugan’: dulces para la ceremonia del té en Kanazawa

Los dulces wagashi de Kanazawa han venido floreciendo de la mano de la ceremonia del té.

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La cultura de Kanazawa tiene una historia de más de 400 años. Comenzó a desarrollarse en el periodo Sengoku (siglo XVI, aproximadamente), cuando el señor feudal Maeda Toshiie se estableció en el castillo de esa zona. La ciudad que floreció a sus pies cultivó y sigue conservando la tradición de la ceremonia del té. En Kanazawa, estas ceremonias conocidas como chakai se celebran de manera regular todo el año.

LA PRIMAVERA EN JAPÓN

Además de tradiciones relacionadas con la estación en sí, se celebran las ceremonias que marcan el cambio a una vida nueva para sus protagonistas.

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“Las mañanas de primavera tienen algo especial” fue la frase elegida por Sei Shōnagon (ca. 966-1025) para empezar El libro de la almohada, pero esta no es la única expresión literaria ligada a la citada estación; así pues, encontramos otro ejemplo en el término ‘yamawarau’ (literalmente, la montaña que ríe), con el que se hace referencia al aspecto de un monte cuyos árboles tienen los capullos en flor, y que es propia de los haikus de esta temporada. En primavera, Japón huele a adelfillas y flores de ciruelo; es también la época en la que florecen los cerezos, los ruiseñores cantan y se recogen las algas nori y wakame. Asimismo, se celebran las ceremonias de ingreso en los distintos niveles educativos, o en una empresa en el caso de quienes entran en el mundo laboral tras terminar sus estudios, y, con ellas, se conmemora el inicio de una vida nueva.

Los castillos de Japón

Se dice que, a lo largo de la historia, se han construido unos 25.000 castillos en Japón. En la actualidad, estas edificaciones variopintas se han convertido en lugares turísticos donde conocer la historia y la cultura locales.

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GALERÍA

HISTORIA DE JAPÓN

Según la leyenda descrita en el Kojiki y en el Nihonshoki, Japón fue fundado en el siglo VII a. C. por el Emperador Jinmu. Durante los siglos V y VI, el sistema caligráfico chino y el budismo fueron introducidos junto con otras costumbres chinas a través de la península coreana o directamente desde China. Los emperadores fueron gobernantes oficiales, pero el verdadero poder permanecía generalmente en manos de poderosas cortes nobles, regentes o shogunes (gobernadores militares).

Durante el siglo XVI, mercaderes de Portugal, de los Países Bajos, de Inglaterra y de España llegaron a Japón y fundaron misiones cristianas. En 1549, llegó a Japón para predicar el cristianismo el misionero español jesuita San Francisco Javier tras desembarcar en Kagoshima, Kyūshū, aprovechando las rutas comerciales portuguesas. A comienzos del siglo XVII, el shogunato comenzó a sospechar de las misiones cristianas, considerándolas precursoras de una conquista militar por fuerzas europeas y, como medida de protección, ordenó el cierre de Japón a toda relación con el mundo exterior a excepción de contactos restringidos con mercaderes chinos y neerlandeses en la ciudad de Nagasaki. Este aislamiento se prolongó durante 251 años, hasta el año 1854, en que el comodoro estadounidense Matthew Perry forzó la apertura del Japón a Occidente bajo el Tratado de Kanagawa. Durante un largo período, el restablecido contacto con Occidente provocó cambios en la sociedad japonesa. Tras un fuerte conflicto civil denominado Guerra Boshin, el shogunato fue obligado a renunciar y el poder fue devuelto al emperador. La Restauración Meiji de 1868 inició varias reformas.

El sistema feudal fue abolido y numerosas instituciones occidentales fueron adoptadas, incluyendo un sistema legal y de gobierno occidentales, junto con otras reformas en lo económico, social y militar que transformaron a Japón en una potencia mundial de nivel medio-alto. Como resultado de la Primera Guerra Sino-Japonesa y de la Guerra Ruso-Japonesa, Japón anexionó Taiwán, Corea y otros territorios a su imperio en expansión. Así se afianzó de manera definitiva como una potencia mundial y la única de Asia. Después de la Primera Guerra Mundial, 1918, Japón ocupaba una sólida posición en el Lejano Oriente; contaba con la Armada más poderosa de la zona, ejercía gran influencia sobre China y se había beneficiado económicamente de la guerra (se ocupaba de los pedidos de los países asiáticos, a los que el resto de las potencias no lograban atender).

Durante la década de los años 1920, surgieron problemas que la democracia no pudo resolver. Por un lado, los grupos más conservadores como la milicia, los pares, etc. que se encontraban posicionados en la cámara alta del parlamento y en el Consejo, consideraban que la democracia era muy débil. La corrupción dentro del gobierno era insostenible, las acusaciones entre los miembros de la Cámara Baja provocaban continuamente disturbios. El auge comercial que había alcanzado tras la Primera Guerra Mundial disminuyó cuando en 1921, Europa comenzó su recuperación. Tuvo nefastas consecuencias de la Gran depresión, aumento de las tarifas de los países extranjeros para los productos japoneses y la pobreza que se vio reflejada en el norte donde los humildes campesinos culpaban al gobierno nipón de sus desdichas (muchos aldeanos se sumaron al ejército). La suma de estos problemas y la actitud de China, tratando de desplazar los negocios japoneses, derivó en la invasión a Manchuria (septiembre de 1931). Esta invasión se produjo sin la autorización del gobierno nipón. Cuando el primer ministro Inukai reprobó los actos extremistas, fue asesinado por un grupo de oficiales de marina (15 de mayo de 1932), y su sucesor consideró que debía apoyar las acciones del ejército y así fue que durante los 13 años siguientes: el gobierno adoptó un estricto control de la educación, fortalecimiento del arsenal bélico y una política exterior agresiva orientada a conquistar territorios. Esto culminó en una nueva invasión de Manchuria, desatando la Segunda Guerra Sino-Japonesa.

Japón atacó la base naval estadounidense de Pearl Harbor en diciembre de 1941, lo cual llevó al país norteamericano a declarar la guerra al Imperio Japonés en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Después de una larga campaña en el Pacífico, Japón perdió Okinawa y fue forzada a retroceder a las cuatro islas principales. El ejército estadounidense atacó Tokio, Osaka y otras ciudades con bombardeos estratégicos convencionales y en Hiroshima y Nagasaki con dos bombas atómicas. Japón finalmente aceptó la capitulación incondicional ante el ejército estadounidense el 15 de agosto de 1945 dando con ello fin a la guerra. Finalizado el conflicto, el ejército estadounidense ocupó el territorio japonés hasta 1952, tras lo cual Japón comenzaría una muy importante recuperación económica que devolvería la prosperidad al archipiélago. Okinawa permaneció ocupada hasta 1972, y actualmente el ejército estadounidense mantiene un centenar de bases en este país.

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